Los chinos gordos dominarán el mundo
Chiste: esto es un español, una alemana y un americano muy preocupados porque no saben cómo evitar que invadan sus respectivos países.
"Pues yo no sé qué hacer con los turcos", dice la alemana. Y los otros: "Tranquila, mujer, les pondremos un montón de problemas para que no entren en la Unión Europea y con el tiempo ya se cansarán".
"A mí quienes me preocupan son los árabes", dice el yanki. "Tranquilo, hombre", le contestan los demás: "mantendremos la guerra aunque tengamos que llamarla de otro modo, y una vez muertos no molestarán más".
Finalmente, el español: "yo no sé qué hacer con los africanos; los negros saltan vallas y los moros hacen los cien metros mar". A lo que las ONG responden: "Perdona bonito, pero los sudamericanos te vienen por aire y multiplican a los anteriores, lo que pasa es que a nadie le importa porque no quedan bien por TV".
Mientras tanto, en el otro lado del mundo, los chinos se hartan de comida occidental. En diez años han doblado la tasa de obesos en el país; ahora son tantos como toda Francia; 60 millones de chinos entrados en carnes.
Y tienen hambre.
No hará falta que salten todos a la vez para sacar a la Tierra de su órbita. No será necesario que caminen en dirección contraria al de rotación para que el planeta pierda el sentido. El sobrepeso a ese lado del mundo ha hecho que ya no se encuentre en sus ejes, está mal inclinado. De ahí las catástrofes naturales.
Estamos descompensados. ¿Quién nos recompensará? ¿La fiebre amarilla o la fiebre aviar?

